Abundantes son las quejas de los padres cuando sus hijos no muestran actitudes lo suficientemente responsables que deberían ser para su edad. Sin embargo, no se dan cuenta de que ellos mismos son los culpables de esta falta de responsabilidad en los hijos cada vez que les imponen límites, medidas de vigilancia y exigencias excesivas a sus hijos. La libertad y la responsabilidad están estrechamente relacionadas, y esto es lo que no entienden la mayoría de padres y por eso se frustran ante la irresponsabilidad aparentemente espontánea de sus hijos.
El ser humano es profundamente complejo, y su libertad no solo es física, sino que también es intelectual y moral. Pero para el correcto desarrollo de la libertad moral (es decir, del autocontrol) es necesaria una base de responsabilidad y pensamiento crítico. Y, a la vez, para lograr esa responsabilidad es necesario un margen de libertad para que el humano (especialmente el adolescente en desarrollo) experimente, se equivoque, corrija y aprenda. Un equivalente a esto es cómo funciona la IA. La IA se diferencia de otros mecanismos programados en el sentido de que se le otorga un margen de libertad ejecutiva bajo el cual experimenta y analiza los resultados obtenidos. Posteriormente, evalúa qué aspectos puede mejorar y repite el proceso, perfeccionando su técnica cada vez que realiza el entrenamiento. Es por ello, que las primeras imágenes de IA contenían caras y manos (las partes del cuerpo más difíciles de representar correctamente) totalmente desfigurados y anatómicamente imposibles, mientras que actualmente la IA es capaz de generar retratos humanos prácticamente imposibles de diferenciar de las obras reales. Este significativo avance no se dio de un día para otro: fue el resultado de darle libertad a la IA para que pruebe técnicas hasta que logró recrear rostros humanos de forma hiperrealista.
Si a los adolescentes no se les otorga un cierto margen de confianza y libertad para que experimenten ellos cómo enfrentarse a las dificultades y responsabilidades de la vida, nunca podrán aprender cuál es la forma correcta de encaminar su futuro, y por tanto se convierten en personas indecisas y emocionalmente dependientes, que a menudo siguen a su pareja o amigos en su proyecto de vida, sin cuestionarse realmente que camino quieren tomar, o peor aún: en un acto de rebeldía descabezada, pueden abandonar por completo las responsabilidades vitales y acabar desperdiciando su vida.
Es totalmente natural y entendible que los padres quieran ser modelos para sus hijos y ofrecerles consejo, sin embargo, pasar de ser una orientación abierta a ser una policía opresiva, lo único que consigue es convertir a una persona potencialmente brillante en un ordenador que necesita de instrucciones para funcionar.
Por tanto, no es de extrañar que, paradójicamente, las personas que tengan más libertad para cometer excesos y errores, con el tiempo sepan ser más resolutivos y responsables que aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de equivocarse y construir un criterio propio en base a sus experiencias.
Valentín Sousa 2ºBach B
















