Ahora mismo en Francia están viviendo una de sus mayores crisis sociales y cientos de miles de personas están movilizándose en las calles, pero ¿se justifica toda la violencia que se está viviendo?
Las manifestaciones empezaron desde el sector más joven de la población. Alumnos por toda Francia demandaban una mejor administración del sector educativo. Al ver esto, los sindicatos, los trabajadores y, en general, la población de toda Francia se unieron a las protestas reclamando mejores condiciones de vida, hasta llegar a abarrotar las calles, provocar cientos de destrozos en el mobiliario urbano y vandalizar negocios locales. Ni siquiera se ha salvado de la ira el Ayuntamiento de Limoges, un edificio histórico cuya torre principal también ha sido pasto de las llamas.
Y después de esto, surge la pregunta: ¿de verdad tienen que pagar las consecuencias del malestar general ciudadanos inocentes?
Para poder responder a esta pregunta, hay que analizar el problema desde otra perspectiva: la de la presión social. La brutalidad policial lleva estando presente mucho tiempo en Francia, por supuesto, también en las manifestaciones. Si el Estado ejerce violencia sobre el manifestante, es lógico que el manifestante la ejerza contra el Estado, ya sea contra él directamente o contra las calles. Esto no es culpa de los negocios ni de los trabajadores locales. Sencillamente, se considera que son “daños colaterales”. Ya sostenía Maquiavelo que “el fin justifica los medios” y esta filosofía está muy presente en Francia desde hace siglos. No son infrecuentes las manifestaciones en este país, aunque quizás sí la magnitud o violencia de las actuales, que pueden ser consideradas extremistas vistas desde fuera, pero, desde dentro, son la única herramienta que tiene la población para alcanzar un mejor nivel de vida.
Alex Meco, 1º de Bachillerato A









