“Despiadada contemplación”
La sirena observaba, fascinada, las ignoradas costumbres. Y es que en cada detalle que guiaba la vida de las gentes del pueblo veía reflejada la humanidad que tanto envidiaba. Ella soñaba con la vida de los hombres, con el amor y la muerte, pues se sentía profundamente sola por su inmortalidad, con el ancho y despiadado mar como única compañía.
Anteriormente, la sirena solía cantar, esperando encontrar un compañero. Pero tras ver cómo cada persona a la que atraía enloquecía y se ahogaba, apagó su voz. Y ahora, entre lágrimas, contempla a los hombres desde lejos. Espera reunir el valor para acabar con sus cavilaciones y convertirse en espuma de mar.
Inés Mayordomo Bolaños, 1º C de Bachillerato









