En estos días se está hablando mucho del barco que ha tenido que quedarse aislado por un brote de virus entre los pasajeros. Aunque no es la primera vez que ocurre algo así, esto nos vuelve a recordar aquellos meses de cuarentena.
Personalmente, creo que vivimos en un mundo muy globalizado, donde lo que afecta a otros continentes puede afectarnos directamente a nosotros. Pero ¿es esta situación algo alarmante? Aunque es normal sentir cierta preocupación, también creo que es importante no exagerar.
Considero que se están haciendo una buena gestión de lo sucedido; sin embargo, los casos se han propagado: un británico hospitalizado, tres ingresados en Países Bajos y un suizo; además, hay que añadir 80 pasajeros de un vuelo donde viajó una de las fallecidas y tres contactos localizados en España, aunque ninguno tiene síntomas.
El próximo domingo el barco fondeará frente al puerto de las Granadillas de Abona, en Tenerife, donde desembarcarán cinco españoles. Estos se tendrán que mantener en una cuarentena de precisión militar, la primera semana, con revisión de síntomas dos veces al día. Lo que me lleva a plantearme hasta qué punto es moral o no dejar a esas personas aisladas.
Si el virus se propagase nos enfrentaríamos a una pandemia bastante mortal, por lo que la única medida que se puede tomar es aislar a aquellos que hayan estado en contacto con los contagiados. Ahora bien, cambiemos el punto de vista, eres el turista que lleva tiempo esperando ese viaje en crucero y resulta que uno de los pajeros ha enfermado del hantavirus. Tú y tus acompañantes no tenéis síntomas, ni veis la necesidad de mantenerse una semana aislados una vez llegados a vuestro país. Legalmente estas personas están obligadas a mantenerse en confinamiento mínimo una semana. Por lo tanto, ¿la preocupación de una pandemia es tan grave o, por el contrario, simplemente es un caso aislado?
Al final, lo que pensamos tras esta noticia es que es un recordatorio de que vivimos en un mundo conectado, donde cualquier cosa puede afectarnos a todos. Y por eso, más que miedo, deberíamos tener conciencia y solidaridad.
Silvia Pla, 1º de Bachillerato C
















