Tras estos apelativos cariñosos se halla un fenómeno lingüístico denominado hipocorístico cuyo nombre proviene griego hypokoristikós, que bellamente significa ‘’acariciador’’.
La sociedad contemporánea no es la única que transforma nombres, y es que nuestros antepasados romanos, aunque resulte algo inverosímil, ya lo hacían, como el emperador Cicerón al llamar a su hija, Tullia, Tulliola. ¿Te lo puedes imaginar?
A lo largo de la historia, numerosos sucesos han dado origen a algunos de los hipocorísticos más comunes del español tales como Pepe, creado a partir de las siglas PP (Pater Putativus), término en latín para referirse a San José como padre ‘’reputado’’ de Jesús; Curro, surgido como evolución de Pacorro para distinguirla de la palabra ‘’corro’’, que a su vez proviene de Paco cuyo origen se asocia a las siglas P.C (Pater Comunitatis), en referencia a San Francisco de Asís.
Los apelativos cariñosos de la actualidad son creados comúnmente por los hablantes a partir de mecanismos como el apócope o recorte final, del que surgen Rafa o Tere; la aféresis o recorte inicial que genera Veva (a partir de Genoveva), Tina (de Cristina); la fusión, donde se combinan dos nombres, como Mariola (María Dolores) o Maribel (María Isabel).
La próxima vez que nombres a alguien por su hipocorístico, como si de una ‘’caricia sonora’’ se tratase, piensa que dentro de la lengua nada es casualidad y su origen probablemente se remonte a la necesidad de más de un romano de expresar afecto detrás del semblante serio que se les atribuye.
Raquel García, 1º de Bachillerato C









