Durante el siglo pasado, se popularizó el apodo “la ciudad del amor” para referirse a París, la histórica capital del romanticismo, la arquitectura elegante, los dulces “croissants”, los perfumes sensuales… En resumen: la máxima expresión de la exquisitez europea. Es por ello que parejas de todo el globo comenzaron a planear sus lunas de miel en la capital gala, lo que junto a la tradición romántico-literaria de la ciudad extendió este apodo.
Pero todo este sueño azucarado se quedó en el pasado, ya que actualmente París ha dejado de brillar por sus monumentos e idoneidad, y ahora destaca en violaciones que sufren tanto parisinas como turistas, criminalidad disparada (nótese en especial el robo al museo del Louvre), atentados terroristas, disturbios civiles, y una economía cada vez más restrictiva. Hay un triste paralelismo entre la decadencia de París y el amor en general en la sociedad occidental, que una vez tuvo a la ciudad de la luz como capital. Actualmente, se registran números récord en el porcentaje de adultos divorciados, en la cada vez menor natalidad, la cosificación y degradación en las relaciones, y en general, la degeneración del amor en nuestra sociedad.
La gente ha dejado de querer encontrar a alguien con quien compartir el bello sendero de la vida, para buscar tener una fuente de atención con la que saciar su ego. Ya no quiere conocer a una persona profundamente, sino intentar regatear a la persona más atractiva dentro de su “nivel” (como quien entra al chino de la esquina con una moneda de dos euros e intenta encontrar la bolsa de chuches más apetecible a ese precio). No quiere formar una familia y dejar un legado generacional duradero, quiere venderse en una discoteca al mejor postor durante una noche y luego culpar al género opuesto de su soledad mientras se tira el resto de su vida en un piso barato de alquiler, con la única compañía de un gato y una copa de vino, fingiendo ser feliz.
Al igual que París ha dejado de ser la ciudad del amor, y se ha convertido en la ciudad de la crisis y el odio, el amor ha dejado de ser un importante pilar de un Occidente sano para volverse un cartel de neón que anuncia la entrada de un club de striptease.
Valentín Sousa 2º Bach B









