Mientras se es estudiante es importante mantener un rendimiento académico adecuado lo que puede llevar, por mala organización o sobrecarga de trabajo, a descuidar el resto de los hábitos. Sin embargo, diversos estudios científicos apuntan a que el estilo de vida y la competencia académica están estrechamente relacionados.
En primer lugar, se ha demostrado que el desayuno mejora la atención y la memoria a corto plazo ya que el cerebro consume el 20% de la energía corporal en reposo (TMB). Además, los alimentos ricos en triptófano como los huevos, lácteos y frutos secos mejoran la producción de serotonina, que ayuda a regular el estrés y mejorar el estado de ánimo.
Por otro lado, la práctica de actividad física favorece la plasticidad cerebral, libera endorfinas y ayuda a crear hábitos de disciplina, reducir la ansiedad y aumentar la capacidad de concentración. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar al menos 150 minutos de ejercicio semanalmente.
Asimismo, la salud mental juega un papel fundamental en el desempeño intelectual. Algunas prácticas que la fomentan incluyen: mindfulness o meditación consciente, que trata de centrar la atención evadiendo pensamientos y emociones; el journaling o escritura reflexiva, ya que escribir los pensamientos ayuda a estructurarlos y analizarlos de una manera más objetiva, así como evitar pensamientos intrusivos; o realizar respiraciones diafragmáticas (para esta técnica sigue estos pasos: cierra los ojos, inspira aire por la nariz hasta la parte baja del abdomen, coloca una mano encima del abdomen para sentir cómo se eleva y asegúrate de que el pecho permanece inmóvil, mantén la respiración y exhala por la boca lentamente cuando te resulte difícil contener la respiración. Realiza este ciclo durante al menos 5 minutos).
Por último, mantener una higiene de sueño permite retener mejor los contenidos en la memoria puesto que durante la fase REM del sueño estos se registran en el hipocampo. También se ha observado que la información que se estudia en el momento antes de irse a dormir se recuerda mejor debido a que las conexiones neuronales se reorganizan para fijar el aprendizaje de forma más duradera.
Si sientes que estás rindiendo por debajo de tus posibilidades y has descubierto una nueva práctica saludable, es el momento de convertir el hábito en una costumbre.
Raquel García, 1º de Bachillerato C









