Cada una de las épocas históricas que conocemos presenta injusticias y contradicciones y en la mayoría de los casos, en vez de tratar de modificar esta sociedad incoherente, se ha culpado a minorías de todos sus problemas, actuando estas como chivos expiatorios o cabezas de turco. Por ejemplo, en la Edad Media, se culpaba a los herejes de cualquier desastre natural, ya fueran judíos, musulmanes o cristianos acusados de brujería, y todos ellos fueron castigados por la Inquisición y, en la Alemania nazi, se culpaba a los judíos de su desastrosa economía y sufrieron persecución.
Creo oportuno remontarme a los orígenes de ambas expresiones, “chivo expiatorio” y “cabeza de turco”.
La expresión “chivo expiatorio” proviene de un ritual hebreo correspondiente a su “Día de la Expiación”, en el que cargaban a una cabra con todos los pecados del pueblo y la exiliaban al desierto; de igual manera, las sociedades culpan a un grupo de todos sus problemas y lo castigan muy duramente.
“Cabeza de turco” es sinónimo de “chico expiatorio” y proviene de las Cruzadas, en las que matar a un turco se consideraba una gran hazaña. Cuando un cristiano mataba a un turco, le cortaba la cabeza para exponerla a modo de trofeo, y culpaban a la cabeza del turco de todos sus problemas.
Estas tradiciones pueden parecernos macabras y absurdas, pero nosotros seguimos cometiendo el mismo error de culpar a otros de nuestros problemas. En la actualidad no dejan de surgir grupos extremistas que culpan a algunas minorías, sobre todo a los inmigrantes, de todos los problemas sociales. Esto nos va a perjudicar a la larga pues, en vez de combatir las contradicciones de nuestra sociedad y proponer soluciones, estamos culpando a otros y esto es peligroso porque podemos hacer mucho daño a algunas personas y porque perdemos de vista nuestro principal foco, que no es luchar contra el vecino, sino contra las injusticias.
Inés Mayordomo, 1º de Bachillerato C









