“Dios del Nuevo Mundo”
Terminó y miró al cielo. Las estrellas habían dado ya un pequeño rodeo en torno a la Osa Menor. Ya era el momento. Él iba a ser quien contuviera el poder de todas las especies. Los animales salían de entre los árboles con sus ojos carmesí brillando bajo el manto oscuro. Gritos de horror se prolongaron el resto de la noche. Tras el alba, no quedaba señal humana. Un silencio abrumador se expandió. No se oía más que el sonido de los animales bebiendo de charcos de sangre humana. Antes de poder celebrarlo, ya estaba dentro de la boca de un león; los dientes perforándole.
Sirine Osmane Sibouaza, 3º A de ESO
















