¿Te has parado a pensar alguna vez a dónde vivirás después de terminar tus estudios? Cuando acabes es probable que quieras buscar un hogar donde asentarte, tu sitio de confort, el lugar que te representa y quizás donde quieras formar una familia. Lamentablemente esta idea de acabar de estudiar, trabajar y seguidamente encontrar casa se está convirtiendo en una odisea en España. La incertidumbre de no saber si podrás tener una casa está marcando a muchas generaciones.
La realidad es aplastante según datos proporcionados por el Observatorio de Emancipación (CJE) un joven debería destinar más del 60% de su sueldo neto para pagar un alquiler en solitario, cuando los expertos recomiendan no superar el 30%. Esto convierte la independencia en prácticamente un privilegio del que solo algunos gozan antes de los 30 años.
No se trata solo de los precios desorbitados sino también del impacto emocional. No saber con seguridad dónde vas a vivir o si te va ser posible independizarte puede producir una sensación de vulnerabilidad que no nos permite hacer planes a largo plazo. Esta vida en aparente pausa, sin evolución, afecta a nuestra madurez y autonomía. Es muy difícil construir una identidad propia o tener un proyecto de futuro sin tener tu propio espacio donde empezar.
En definitiva, la vivienda es la base de cualquier proyecto de vida y vivir sin la seguridad de poder adquirir una en un futuro cercano es un dolor de cabeza con el que todos lo jóvenes lidiamos. Es necesario ver la vivienda como una necesidad básica, pero para que sea así no hay que quedarse en el sofá y que el mercado se desarrolle solo; debemos buscar soluciones como futuros propietarios y exigir que se tomen medidas urgentes para hacer frente a este grave problema.
Reclamar nuestro espacio es el primer paso para poder construir nuestra propia vida.
Adrián Torres, 1º de Bachillerato C









