Hannah Arendt explicaba el auge de los totalitarismos en Europa como resultado de la pérdida de importancia que le atribuimos a la vita activa, es decir, a la acción política y social del ser humano, dejándola por debajo de otras acciones más enfocadas a la espiritualidad y a la producción material. En “La condición humana”, Arendt definía la vita activa como una forma de vida libre dedicada a la política, no únicamente en la participación de elecciones democráticas, sino en todo ámbito de organización social (como lo puede ser desde una revista internacional de opinión hasta una simple junta de vecinos).
Es innegable que la vita activa ha perdido relevancia a lo largo de la historia humana. Arendt se remota a la Edad Antigua, relacionando la desaparición de las polis griegas, la caída del Imperio Romano y el auge del cristianismo como causas históricas de la pérdida de interés por los asuntos de la vita activa. A pesar de ser animales profundamente sociales (Aristóteles denominaba al género humano como un “zoon politikón” o “animal político”), la inevitable finitud de las obras humanas terrenales (como las estructuras sociales y políticas, que siempre caen en favor de un nuevo régimen) llevaron al humano, desesperado por alcanzar la más cercana posición a la inmortalidad, abandonó las tareas propias de la vita activa y se entregó a labores religiosas y espirituales, con la esperanza de alcanzar un cielo eterno, y a las labores productivas, que le distraían de la desesperación ante la inevitable muerte y le proporcionaban recursos económicos para financiar los vicios corporales. La vita activa ha perdido tanta importancia, que para nosotros ideas como el Consejo Escolar, los artículos de la revista del instituto, las sesiones de debate o la simple lectura de artículos de opinión nos son totalmente ajenas, propias únicamente de “frikis” y de aquellos interesados en participar de la política como forma de vida privilegiada.
Parece que para participar de la vita activa hace falta estar afiliado a un partido político, votar o tener una marcada orientación política en todos los asuntos que preocupan a la sociedad, pero esta idea es falsa, ya que simples y pequeñas acciones, como visitar la revista del instituto, escuchar las opiniones de nuestros amigos y reflexionar sobre el funcionamiento de nuestro entorno cercano son suficientes para hacernos partícipes de la vita activa, esenciales para recuperar la esfera política de nuestra sociedad y en última instancia mejorar el mundo en el que vivimos, interponiéndonos al ascenso de nuevos totalitarismos que repitan los crímenes del pasado.
Valentín Sousa, 2º B de Bachillerato









