La final de la Copa África entre Senegal y Marruecos fue un partido lleno de polémica. Pero más allá del resultado, nos dejó una imagen imborrable: la reacción ejemplar de Sadio Mané.
En los minutos finales, con un penalti polémico en contra, el entrenador de Senegal ordenó a sus jugadores abandonar el campo. Se armó la mundial. Sin embargo, en medio de la protesta, Mané se quedó en el césped. No solo eso: pidió a sus compañeros que volvieran y aceptaran la decisión del árbitro aunque supusiera la derrota.
Mientras todos se centraban en la polémica, él eligió el respeto al juego y al deporte. Su gesto fue tan grande que hasta la FIFA lo reconoció, destacando su actitud ejemplar.
Para nosotros, que vivimos el fútbol en el patio, en las pistas y en el césped artificial, esta es la verdadera lección: la deportividad no se demuestra solo cuando ganas, también cuando todo parece estar en tu contra. Mané demostró que se puede ser un competidor despiadado y, al mismo tiempo, un ejemplo del juego limpio.
Al final, Senegal ganó el título, pero la victoria más importante fue la enseñanza de Mané. Ojalá recordemos su ejemplo siempre que ruede el balón.
Los de la Grada









