Cuando hablamos sobre el futuro, ¿qué es lo que pensamos? Simplemente creemos que todo nos va a salir como nosotros imaginamos, pero si nos paramos a pensar, la vida da muchas vueltas y un día te puede encantar un trabajo y, a la semana, siguiente aborrecerlo.
Si el pensamiento puede cambiar tanto de un momento a otro, ¿por qué a los estudiantes nos obligan a elegir una carrera cuando terminamos bachillerato? Es irónico, ¿no? ¿En serio creen que un adolescente de 17 o 18 años sabe a lo que realmente quiere dedicarse el resto de su vida?
Además, en la mayoría de los casos, no es elegido porque es lo que le gusta al alumno, sino que es por otras razones, como el número de salidas laborales que tiene esa carrera o simplemente por presión social.
Yo creo que es un gran error que una persona tenga que elegir el resto de su vida sin ni siquiera saber de qué realmente tratan esos futuros trabajos porque, en muchos casos, te pintan dicha profesión mejor de cómo es realmente y terminas consiguiendo tus metas y dándote cuenta de que realmente has estado perdiendo tu tiempo especializándote en algo que, si somos sinceros, no es lo que te apasiona.
Normalmente, en España 1 de cada 5 estudiantes universitarios cambia de carrera después del primer año, según Infobae. Bajo mi punto de vista, se debería enseñar mejor de lo que tratan estos trabajos para evitar confusiones y reducir el número de estudiantes que cambien de trabajo.
No podemos seguir decidiendo nuestro futuro basándonos en la idea idealizada que tenemos de una profesión o en la necesidad de alcanzar una nota de corte específica, como la que se exige en carreras con alta demanda como Medicina o Ingeniería.
Necesitamos más tiempo y más información real para tomar una decisión porque elegir un camino no debería ser una carrera contrarreloj, sino un proceso de exploración. Solo así podremos construir un futuro que no esté marcado por la prisa o el miedo a equivocarnos, sino por la seguridad de apostar por lo que realmente nos apasiona.
En resumen, los estudiantes necesitamos más apoyo, más información real y menos presión porque, detrás de cada estudiante, hay una persona que todavía está aprendiendo a entenderse a sí misma.
Daniel Centenera 1º de Bachillerato C









