Cuando empecé a leer Nada, de Carmen Laforet, no voy a mentir: pensé que iba a ser uno de esos libros que lees solo porque te lo mandan en clase. Al principio me resultó lento y bastante triste. No pasaba “nada” espectacular y todo parecía muy apagado. Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura, me di cuenta de que precisamente ahí estaba la fuerza del libro.
La protagonista, Andrea, es una chica joven que llega a Barcelona con la ilusión de empezar una nueva etapa estudiando en la universidad. Creo que es fácil identificarse con ella, porque todos hemos tenido alguna vez expectativas muy altas sobre algo que luego no resulta como esperábamos. Andrea cree que al irse a estudiar fuera va a ser más libre y feliz, pero se encuentra con una realidad muy distinta. La casa de sus familiares, en la calle Aribau, me pareció uno de los elementos más importantes de la novela. No es solo el lugar donde vive, sino un sitio que transmite agobio, discusiones constantes y falta de cariño. Mientras leía, tenía la sensación de que esa casa asfixiaba a Andrea. Me dio mucha pena ver cómo intentaba adaptarse a un ambiente tan tóxico sin tener a nadie con quien hablar de verdad.
Uno de los temas que más me ha llamado la atención es la soledad. Andrea está rodeada de gente, pero aun así se siente sola casi todo el tiempo. Creo que eso hace que el libro sea muy actual, porque hoy en día también pasa: puedes estar acompañado y sentirte vacío por dentro.
La amistad con Ena es uno de los pocos momentos del libro en los que se ve un poco de luz. Ena representa para Andrea todo lo que ella desea: estabilidad, seguridad y una vida más tranquila. Aun así, la relación entre ellas no es perfecta, lo que hace que la historia resulte todavía más creíble.
En conclusión, Nada es un libro que no busca impresionar, pero que deja huella. No es una lectura fácil ni alegre, pero sí muy real. Después de terminarlo, te quedas pensando en Andrea y en todo lo que ha vivido. Por eso, aunque al principio no lo parezca, es un libro que merece la pena leer para después reflexionar.
Lucía Macías Ruiz 1ºBach B









