Según la filosofía de Kant la verdad es un deber moral, no puede depender del resultado o de a quién perjudiquemos con esa verdad. Su idea nos lleva al imperativo categórico que dice que todos debemos obrar teniendo en cuenta si nos gustaría que todo el mundo actuase de la misma forma.
Por tanto, antes de mentir, habría que preguntarse: ¿podría aceptar que todo el mundo mintiese en situaciones parecidas? Kant pensaba que no, ya que si la mentira se convirtiese en una regla universal, la confianza desaparecería y la idea de promesa perdería sentido.
Entonces, ¿decir la verdad siempre es realmente lo más moral, incluso cuando la verdad puede causar un daño grave? La respuesta de Kant es clara: sí, porque una regla moral no debe depender de las circunstancias ni de los resultados.
Su filosofía ha generado mucha controversia a lo largo de los años ya que en nuestra sociedad la mentira está más que normalizada. Muchas veces mentimos inconscientemente y otras nos justificamos diciendo que son solo “mentiras piadosas”.
Varios filósofos pusieron en duda a Kant, señalando que puede existir un punto medio entre la mentira y la verdad; otros afirmaron que muchas normas morales expresan una determinada forma de ver el mundo y no verdades absolutas; también argumentaron que no todo el mundo tiene derecho a conocer la verdad.
Kant tiene la ventaja de que defiende una idea clara, pero ¿hasta qué punto estamos dispuestos a decir siempre la verdad? Por otra parte, los filósofos contrarios a su pensamiento, ¿son realmente morales al afirmar que creen que la mentira también es válida en determinadas situaciones?
Kant nos recuerda que una sociedad sin verdad no puede funcionar, pero sus críticos nos hacen pensar en que una verdad dicha sin tener en cuenta las consecuencias también puede ser moralmente problemática.
¿Y tú qué opinas? ¿Crees que decir siempre la verdad es realmente lo más moral, incluso cuando la verdad puede causar un daño grave?
Sofía Aguin, 4º B








