Actualmente, los estudiantes no solo deben aprender matemáticas, lengua o historia sino también saber enfrentar dificultades y superar los errores, ya que el fracaso es un sentimiento común en la vida de los estudiantes. Por ello, ¿es el instituto el primer paso para evitar en un futuro sentimientos como la frustración, decepción o angustia?
Tradicionalmente, el fracaso se ha asociado a la falta de competencia, compromiso o, incluso, al pasotismo; sin embargo, los profesores son los responsables de cambiar esta percepción porque forma parte del aprendizaje, pues cuando un estudiante se equivoca y analiza lo que salió mal, aprende a buscar las soluciones y a rectificar, porque, efectivamente, rectificar es de sabios, al igual que es esencial para el crecimiento académico y personal.
Del mismo modo, enseñar a gestionar el fracaso en el instituto es fundamental para desarrollar habilidades como la paciencia, la perseverancia y el autoconocimiento con el fin de adquirir más confianza para experimentar nuevos retos sin miedo y enfrentarlos con valentía. El fracaso mal gestionado puede llevar a la frustración, mientras que un enfoque positivo convierte al estudiante en alguien más fuerte, inteligente y seguro de sí mismo.
En conclusión, considero que la educación sobre el fracaso, especialmente en el instituto, es clave para el desarrollo académico, pues en ocasiones los estudiantes, incluyéndome, lo vemos con una perspectiva negativa sin darnos cuenta de que es parte del proceso de aprendizaje.
Sofía Catalá, 1º de Bachillerato C









