Ahora que estoy en 1º de Bachillerato, me doy cuenta de que el sistema educativo no está pensado para que aprendamos, sino para que pasemos pruebas. La mayoría de las asignaturas se basan en la memorización pura. Tenemos que meter datos en la cabeza solo para “vomitarlos” en un papel y, a los dos días, ya se nos ha olvidado casi todo. Al final, parece que estudiar es simplemente una forma de ver quién aguanta más tiempo memorizando cosas que no nos interesan, como son la mayoría de las asignaturas obligatorias.
La culpa de esto es de un sistema que pasa de nosotros como personas. En vez de ayudarnos a descubrir en qué podemos desempeñar mejor nuestras destrezas nos obligan a todos a entrar en el mismo molde. Si no sacas buena nota en lo que ellos dicen, parece que no vales para nada. Nos pasamos el día intentando ser el «alumno perfecto» que ellos quieren y, mientras tanto, dejamos de lado nuestro propio talento porque no hay tiempo para desarrollarlo.
Esto está muy presente hoy día ya que todos conocemos a un alumno que se le da especialmente bien una asignatura, ya sea porque le gusta o simplemente porque tiene habilidad en ese ámbito, y que, por el contrario, no destaca en absoluto en otra asignatura, pues mucha gente cree que lo mejor es conseguirle una ayuda externa en la materia que no es capaz de dominar, pero ahí está el error ya que, si un alumno domina una asignatura, como tecnología, se debería intentar incrementar ese conocimiento porque, ¿y si tienes delante al futuro ingeniero que solucione enormes problemas como, por ejemplo, la contaminación a nivel mundial?
En resumen, el sistema actual nos quita el foco de lo que de verdad importa, que es mejorar por nosotros mismos. Mientras la educación siga siendo una lista de contenidos que repetir en un examen y no algo adaptado a lo que cada uno puede dar, seguirá siendo una pérdida de tiempo en muchos sentidos.
Daniel Centenera 1º de Bachillerato C









