A menudo se le suele describir a los hombres como personas fuertes, que no pueden expresar vulnerabilidad, serios, líderes etc. Se ha podido ver a lo largo de la historia hombres referentes de esas características como Alejandro Magno o Julio César, pero ¿realmente siempre fueron así?, ¿siempre tuvieron esa fachada?
Hoy en día se registra el triple de suicidios en los hombres que en las mujeres según el INE (Instituto Nacional de Estadística) en España, siendo el mismo número aproximadamente en el ámbito global. Esta estadística nos tendría que hacer reflexionar sobre la “carga” imaginaria que padecen los hombres. Muchas veces los varones reconocen esa carga, pero no la quieren soltar porque soltarla significaría exponer a los demás esa vulnerabilidad que la sociedad no admite, y ponen como justificación que son hombres, que no deben mostrar esa faceta.
Muchos de los hombres que vemos diariamente tienen o han tenido momentos en los que querían soltar, hablar de lo que les sucede. Muchas veces hay pequeñas señales, normalmente cuando están saturados, pero no se atreven a dar el primer paso. Los expertos admiten que es difícil tener una cifra de hombres en estado depresivo debido a su dificultad para expresarlo. Nosotros, como sociedad, tenemos el deber de arropar al hombre, de darle un lugar de descanso, hacerles ver que, aunque ellos puedan solos, tienen a gente que les cuida y apoya.
La próxima vez que veamos a un hombre deberíamos verlo como a alguien que de verdad está librando o ha librado grandes batallas y, aunque no lo hagamos en el mismo momento, se le debería recordar tanto su capacidad de resistencia como la opción de ser ayudado, ya sea por medio de las palabras o por medio de un cálido abrazo.
Álvaro Escribano, 1º de Bachillerato C









