Hace nada estábamos entrando a clase el primer día pensando que quedaba muchísimo para acabar el curso, y ahora, casi sin darnos cuenta, ya nos estamos graduando. Segundo de bachillerato ha sido probablemente el año más intenso que hemos vivido hasta ahora. Un curso en el que parece que todo gira alrededor de una palabra que acabas escuchando constantemente: PAU. PAU por aquí, PAU por allá, simulacros de PAU, notas para la PAU, nervios por la PAU… Llega un momento en el que parece que toda tu vida depende de esos exámenes.
La presión es enorme. Hay días en los que llegas a casa agotado después de horas de clase, academia, apuntes y trabajos, y aun así sientes que deberías estar estudiando más. Muchas veces hemos tenido la sensación de no llegar a todo, de vivir con prisa constantemente o incluso de sentir culpa por descansar un rato. Segundo de bachillerato te exige muchísimo mentalmente, y eso es algo que solo entiende de verdad quien lo ha vivido.
Y si algo marca realmente este curso, son las personas que lo viven contigo. Los compañeros se convierten en un apoyo constante porque todos están pasando por lo mismo y, aunque cada uno tenga sus propios problemas, al final se crea una unión especial. Entre apuntes, repasos y días interminables, acabas compartiendo muchísimo más que clases.
También hay que valorar el papel de los profesores. Muchas veces pensamos solo en las notas o en la cantidad de contenido que entra en el examen, pero detrás hay personas que intentan ayudarnos, motivarnos y acompañarnos en un año muy complicado. Algunos dejan huella no solo por cómo enseñan, sino por cómo te hacen sentir capaz incluso cuando tú dudas de ti mismo. A veces una simple frase de apoyo llega más lejos de lo que parece.
Pero sobre todo, segundo de bachillerato te hace darte cuenta de quién eres. Te replanteas lo que quieres estudiar, cuánta tanta presión eres capaz de soportar, cuánta fuerza de voluntad tienes, qué miedos te persiguen… Es un curso que te toca, te cambia y te hace valorar mucho más algunas cosas que dabas por sentadas. Desde luego, segundo de bachillerato no es para todos, pero los que queremos seguir esa vía, con el suficiente esfuerzo y buena planificación, podemos sacarlo adelante.
Al final, segundo de bachillerato es una mezcla constante de agotamiento, aprendizaje, miedo y crecimiento. Es duro, sí, probablemente uno de los cursos más exigentes que vivimos hasta ahora, pero también es una experiencia que termina enseñándote que eres más fuerte de lo que pensabas. Y cuando todo acaba, queda la satisfacción de haberlo conseguido después de tanto esfuerzo.
P.A., C.C. y V.S., tres estudiantes graduados y agotados, pero satisfechos 🙂









